Ansiedad
Todos estos síntomas físicos tan alarmantes y tan desagradables provocan consultas frecuentes al médico, o incluso, que vayamos a urgencias, alarmados por la fuerte sintomatología física, pensando que vamos a sufrir un ataque al corazón , o que padecemos alguna enfermedad grave, y es el médico, en la gran mayoría de las ocasiones, el que después de una revisión nos dice que es estrés o ansiedad recetándonos, normalmente , algún ansiolítico.
La ansiedad es una emoción normal, que todos experimentamos ante situaciones de peligro o que exigen una respuesta de alerta: por ejemplo, la persona que va a hacer un examen o una entrevista de trabajo, tiene niveles moderados de ansiedad, que generalmente preparan mejor para afrontar la situación que nos toca vivir.
Lo mismo sucede con el deportista que va a enfrentarse a unas pruebas, por ejemplo, el futbolista que sale al campo a jugar un partido, siempre sale con niveles moderados de ansiedad, que repercutirán en un mejor rendimiento.
El problema es cuando esta ansiedad que nos protege, se dispara en situaciones en las que no nos enfrentamos a un peligro real.
Es entonces cuando nos causa mucho malestar y entramos en una dinámica muy dañina: nos sentimos mal, padeciendo muchos síntomas físicos desagradables como los que antes mencionábamos y al mismo tiempo, pensamos que estamos en una situación de peligro.
Dichos pensamientos generan más síntomas físicos y además van minando poco a poco nuestra confianza y seguridad en nosotros mismos.
Cortar estos círculos viciosos en los que nos metemos, empleando terapéuticamente estrategias eficaces, es la mejor manera, para volver a controlar la ansiedad y que no nos cause malestar.
Por eso, el tratamiento de elección en los problemas de ansiedad es siempre el afrontamiento de situaciones que nos dan miedo, además de un adecuado manejo de pensamientos y técnicas de distracción y relajación combinadas.
Claves de la relación de pareja
Nos dejamos llevar muchas veces en las relaciones amorosas que establecemos a lo largo de la vida, por muchos mitos o ideas irracionales, que aunque pasan los años, siguen manteniéndose en nuestras relaciones y sobre todo en nuestras mentes.
Entre estas ideas irracionales está la idea tan extendida de que el amor todo lo puede, de que, si realmente la otra persona me quiere, debe darse cuenta de cómo estoy, de saber qué me gusta o qué no, debe adivinar muchas veces mis sentimientos.
Es muy frecuente que también pensemos que si encontramos a nuestra pareja y nos queremos mucho, con eso es suficiente y lo demás es todo salvable.
Pero la realidad, siempre tan tozuda, nos demuestra que no es así.
Las relaciones de pareja son relaciones, como casi todo en la vida, que hay que trabajar, es decir prestar la debida atención y fomentar, mediante el trabajo diario como si de un entrenamiento se tratara, el respeto, la comunicación, la comprensión, el apoyo, la escucha… la aceptación incondicional del otro, sin intentar cambiarlo, sin que ello suponga que no debamos modificar determinados hábitos y conductas a la hora de la convivencia, del día a día.
Solamente así las parejas funcionan.
Por eso no es verdad que después de muchos años juntos, las relaciones de pareja sean peor, muy al contrario, el grado de ajuste, si se ha basado en todo lo que anteriormente decíamos, comunciación, respeto, preocupación por el otro, es mayor y eso es lo que envidiamos cuando vemos a parejas que en la última etapa de su vida siguen queriéndose y “viéndose”.
Llegar a conseguirlo es cuestión, como casi todo, de intentarlo.
Como acertadamente se refiere el título de un conocido libro sobre estos temas, en el tema del amor, “Con el amor, no basta”.













